A consecuencia de la crisis, muchos trabajadores agradecen el simple hecho de haber conservado su empleo, de no tener una reducción en la paga o de no ser un desempleado más. ¿Pero hasta que punto esto es algo bueno?
Debido a la alta demanda que existe de fuentes de empleo, el trabajador desechable está dispuesto a aceptar cualquier tipo de condición de trabajo, con tal de tener uno. Dicen que es mejor un empleo mal pagado, a ningún empleo, pero ¿hasta dónde llegará la tolerancia del empleado y el abuso del empleador que se aprovecha de la crisis?
No todas las compañías, sin importar su tamaño, se preocupan por sus empleados como deberían, y muchos por desgracia, se han dado cuenta de que existe una vasta cantidad de empleados potenciales para una sola posición. Si un patrón tuvo que despedir a cierto personal para reducir gastos, ahora que las cosas se recuperan poco a poco, ha descubierto que puede llenar de nuevo esa posición, pagando mucho menos de lo que acostumbraba y con prestaciones mínimas o nulas. El panorama para los próximos 5 ó 10 años es más de lo mismo: cada vez un mayor número de empleos gozará de pésimos beneficios económicos y poca seguridad en el puesto. El número de empleos “freelance” también irá en ascenso, pues la recesión económica ha dado pie a que las empresas generen mano de obra justo en tiempo para poder prescindir de todos los beneficios. Es un intento brutal por parte del patrón, de deshacerse de todos los gastos fijos.
Aunque esto representa una terrible condición para el trabajador, pareciera una ventaja para el patrón, pero no es así, puesto que la gente sin preparación no tendrá oportunidad en sus organizaciones y la gente preparada no sentirá vínculo o respeto alguno por la compañía; lo que le llevará a buscar un empleador más responsable en cuanto las condiciones financieras lo permitan.
Escuchamos mucho de la recesión, pero a nivel global, todos los recortes han sido buenos para las ganancias corporativas, que en 2009 fueron increíblemente superiores a las ganancias de 2008.
Todo esto es un círculo vicioso liderado por la codicia: los jefes ya no son recompensados basados en cuanto a la gente que ellos supervisan, por lo que tienen menos incentivo a pagar sobre el personal y menor aún a prepararlos para un crecimiento dentro de la compañía. A la larga, esto sólo generará un capital humano que carece de entrenamiento, motivación y compromiso, lo que se verá directamente reflejado en la utilidad y reputación de la organización. Conclusión: a largo plazo, ese “ahorro” habrá arrasado con la efectividad en su empresa.
Lo más grave es que las empresas que aprovecharon la recesión como una oportunidad para realizar cambios drásticos en su organización, seguramente no revertirán estos cambios una vez que la economía comience a crecer de nuevo.
Empleo Temporal Ordenado
Con la economía que se amplía otra vez y patrones resistiéndose a contratar trabajadores permanentes, el empleo temporal es uno de los pocos sectores del mercado que crece rápidamente y de manera ordenada. El beneficio del trabajo temporal es que usted tiene acceso al talento que usted necesita, y cuando la necesidad se ha ido, el talento se marcha, sin perjudicar o desmoralizar al trabajador. El mundo del trabajo temporal solía ser del dominio de administradores informales. Eso ha terminado. Empresas como Kelly Services le proporcionan la solución que usted necesita, satisfaciendo así sus necesidades de personal, donde ambas partes son beneficiadas.
Las tendencias de empleo y beneficios deben ir de la mano de la economía, estudiando las necesidades básicas de la población y el costo que una vida digna representa, para poder remunerar al empleado justamente. Por desgracia, las tendencias tras una recesión son marcadas por los gigantes de la economía global; lo contraproducente es que si estos no tienen fija su visión en el beneficio de empleado y el patrón de manera paralela, el mundo estará siguiendo patrones erróneos.